Proclama

Queridos familiares, alumnos, exalumnos, padres, docentes, ex docentes, adscriptos y ex adscriptos, compañeros todos.

Estamos aquí reunidos, en nuestro querido Liceo 14, celebrando un acto de profunda significación. Éste consiste en evocar una época pasada, rescatar de ella un conjunto de valores y enseñanzas, y homenajear a compañeros que hoy no pueden estar físicamente aquí con nosotros.

Por este Liceo, entre los años 1963 y 1977, pasaron varias generaciones de alumnos, docentes y funcionarios que, para decirlo en pocas palabras, se destacaron por su profundo compromiso con la sociedad y con la vida.

Corrían tiempos difíciles: estamos hablando de los duros años previos a la dictadura y, posteriormente, el propio período dictatorial. En esos años del recordado Plan Piloto 63, un equipo docente de excepción formó a jóvenes inquietos, maduros, ávidos por entender el tiempo que les tocaba vivir. Y cuando vinieron momentos en donde los acontecimientos obligaron a tomar posición, no dudaron en hacerlo y todos, docentes y estudiantes, supieron encontrar algún lugar desde donde dar batalla y aportar lo suyo a la resistencia popular.

Estamos hablando entonces de jóvenes y adultos militantes, estudiantes y docentes que no se conformaban con ver pasar la vida, sino que querían vivirla siendo protagonistas.

Si quisiéramos esbozar su perfil, deberíamos decir sencillamente que eran jóvenes sanos, con la alegría de vivir propia de la juventud de todos los tiempos. No se trataba de “súper intelectuales”, sabían gozar la vida compartiendo momentos de diversión: cantaban juntos, bailaban, y hacían el amor. Tampoco eran “malos estudiantes” que priorizaran la militancia gremial por sobre las tareas de estudio. Todo lo contrario. En su inmensa mayoría eran muy buenos, porque hacían también del estudio una tarea militante. Comprendían que su aporte a la sociedad habría de ser desde la lucha para transformarla, pero también desde el trabajo adulto cuando lo fueran, y para ello necesitaban estudiar y capacitarse.

Es de destacar que en este Liceo en la época que recordamos, al igual que ahora, existían corrientes y agrupaciones distintas, con matices en sus visiones estratégicas de cara a la acción. Sin embargo, esas diferencias nunca constituyeron un escollo. Discutían sí y confrontaban ideas cuando resultaba necesario, pero siempre terminaban codo con codo y brazo con brazo en el frente de lucha. Y lo más destacable: eran entrañables amigos que compartían también la vida cotidiana y los momentos de diversión, como dijimos, dejando de lado sus diferencias.
Estos jóvenes estudiantes y docentes conocieron, muy tempranamente, lo que es sufrir persecución y represión. Desde los palos y las balas en las calles, el calabozo, el sumario, la destitución o la expulsión del liceo, llegando en algunos casos a la cárcel la tortura y el exilio. Pero fue a un conjunto de esos compañeros que les tocó sufrir, además, lo más duro: la desaparición y la muerte.

A todos ellos queremos rendir homenaje en el día de hoy, pero muy particularmente dedicamos este acto a aquellos que ya no están entre nosotros.

No queremos hacer de éste un acto luctuoso. No ensalzamos la muerte. No es ella mérito ni condecoración y deseamos que nunca más un joven deba sufrirla a causa de sus pensamientos y de su militancia social. Pero sí, claramente, en este caso la muerte es la evidencia más dura, más dolorosa y tangible de la entrega de los jóvenes que hoy recordamos, y de la cruel e infame pesadilla de aquellos años de plomo.

Y desde aquí les decimos: vuestro sacrificio no fue en vano. Aunque no sin muy dolorosas cicatrices, nuestra sociedad ha logrado salir del oscurantismo, Hemos recuperado la libertad de pensar y de expresarnos. Estamos, ahora sí, de nuevo esperanzados y esforzándonos por contribuir a construir una sociedad más justa.

La lucha y el sacrificio de estos jóvenes ya entraron en la historia, formando parte de la resistencia popular que permitió revertir un proceso de desintegración social.

Pero debemos reconocer que la tarea no está terminada. Aún nos queda mucho por hacer y aparecen siempre nuevos desafíos. Debemos, por ejemplo, recuperar y mejorar aquella enseñanza pública que formaba a verdaderos ciudadanos, con espíritu crítico, libre pensadores, solidarios y listos a asumir compromisos. Debemos vigilar las conquistas y seguir luchando por mayor justicia social. De hecho, sabemos que esta es una tarea permanente, que no acabará nunca y que las sucesivas generaciones deberán ir recogiendo las banderas y recorriendo sus propios caminos.

Y es por todo esto que queremos dirigir nuestro mensaje, de manera muy especial, a las nuevas generaciones de jóvenes y particularmente, por lo que nos atañe, a las que hoy están cursando sus estudios en este Liceo.

Ex alumnos del Liceo Nº 14
Montevideo, 22 de octubre de 2009